martes, 25 de marzo de 2008

CORREDOR SIN RETORNO



PETER BRECK es JOHNNY BARRETT

"Cuando estamos dormidos, nadie sabe distinguir
un hombre cuerdo de un hombre loco"...
Pagliaci.

Lentamente, antes que una tenue luz atraviese el ojo de buey abriendo una grieta sobre el fundido en negro, como si desde las tenebrosas profundidades de un túnel nos aproximáramos a la diáfana claridad de su final, una antigua frase de Eurípides nos pone en alerta:

"Dios enloquece a quien desea destruir"

Así comienza "Corredor sin retorno" (Samuel Fuller, 1963), una película independiente de ambiente enrarecido, un psicodrama de serie B de bajo presupuesto. Este claustrofóbico thriller psicológico, que tiene lugar entre los muros de un sanatorio psiquiátrico, fue celebrado por Jean Luc Godard como "una obra maestra del cine bárbaro". No en vano, mientras esta cinta era vapuleada por la crítica norteamericana, en Europa se convertía en una obra de culto. Escrita y producida por el propio Sam Fuller, relata la desafortunada historia de Johnny Barrett (Peter Breck), un ambicioso periodista en busca del premio Pulitzer, que decide hacerse pasar por loco para resolver un asesinato ocurrido en el seno de una hermética institución mental. Periodismo de investigación en estado puro.

Grosso modo
, sin temor a equivocarnos, podríamos afirmar que el cine ha prestado su atención a lo acontecido en el interior de las instituciones psiquiátricas cerradas para:

  • Denunciar supuestamente en las mismas la violación sistemática de los derechos fundamentales de los enfermos mentales como seres humanos.
  • Sacar una jugosa tajada en las taquillas por la proyección de historias morbosas y la presentación de casos anormales.
En la revista de cine online "Contrapicado.net", opina atinadamente la crítica Violeta Kovacsics que con el devenir de los tiempos, esta obra de Fuller se ha convertido en el retrato fidedigno de los más oscuros temores de la sociedad norteamericana de la época: pánico a la guerra atómica, desconfianza máxima del comunismo y atroces conflictos intestinos provocados por el racismo.

http://www.contrapicado.net/panoramica.php?id=109


Pero, como en tantas otras ocasiones, la ficción superará a la realidad. Durante el pasado siglo XX, a principios de los años 70, en los Estados Unidos tuvo lugar un controvertido experimento psicológico. Podríamos calificarlo como la cruz de una moneda de la cual, obviamente, el film de Fuller sería la cara. Pero, desconozco realmente si alguna vez David Rosenhan vió "Corredor sin retorno".

En 1972, este prestigioso psicólogo de la Universidad de Stanford reunió a un grupo de ocho amigos (tres colegas de profesión, un estudiante de postgrado, un pediatra, un psiquiatra, un pintor y una ama de casa), y les hizo una propuesta que no podían rechazar: debían hacerse pasar por enfermos mentales e ingresar en diferentes hospitales psiquiátricos (algunos, clínicas de calidad contrastada, ortodoxas con la buena práxis médica; otros, verdaderos manicomios decimonónicos). Los atrevidos participantes permanecerían internados durante un mes, observando atentamente todo lo que allí ocurría. Convertido en un conejillo de indias más, el propio Rosenhan participó en su experimento.

David Rosenhan

Al igual que el pérfido Dr. Fong (Philip Ahn), el psiquiatra oriental (¡cuánto me recuerda al villano Fu Manchú!) encargado de adiestrar a Johnny Barrett para parecer realmente un enfermo mental, David Rosenhan entrenó a sus amigos para que presentaran síntomas y simularan tomarse los psicofármacos. Todos se dejaron crecer el cabello, desordenaron intencionadamente sus peinados, ajaron sus indumentarias e ingresaron en los diferentes sanatorios psiquiátricos bajo el pretexto de que escuchaban voces extrañas (alucinaciones auditivas). Todos recibieron terapias y percibieron la crueldad de aquellos manicomios. Sin que ningún médico los descubriera, los ocho falsos pacientes terminaron por revelar el engaño, regresando triunfantes a su habitual monotonía.

Poco después, Rosenhan publicaría en la prestigiosa revista "Science" su famoso artículo "On Being Sane in Insane Places". Valientemente defendió que el diagnóstico psiquiátrico no se hacía en función de la persona, sino en función del contexto, y que todo proceso de diagnóstico que se preste alegremente a esa clase de tremendos errores, no merece la pena. Me enteré de la historia de Rosenhan leyendo un libro muy ameno, muy recomendable. Se trata de "Cuerdos entre locos", escrito por Lauren Slater, y publicado por Alba Editorial.

Experimentos como el de Rosenhan y películas como "Corredor sin retorno" han contribuído (entre algunas otras creaciones) al engrandecimiento del mito denominado "la imagen negativa de la psiquiatría".


ALGUNOS ANTECEDENTES CINEMATOGRÁFICOS.

  • Podríamos considerar a "Nido de víboras" (Anatole Litvak, 1948), protagonizada por la encantadora Olivia de Havilland (ganadora de un Óscar por esta interpretación) como una primera obra precursora de la iconoclasta película de Fuller.
  • "La tela de araña" (Vincent Minelli, 1955), con el recientemente desaparecido Richard Widmark en el papel del Dr. Stewart McIver, como el director de un psiquiátrico, desarrolló un curioso melodrama basado en el conflicto provocado en un sanatorio mental por la confección de unas simples cortinas para la biblioteca.

    Richard Widmark y Lauren Bacall en "La tela de araña"

  • "La cabeza contra la pared" (George Franju, 1958), protagonizada por Charles Aznavour, abandera la denuncia contra los hospitales psiquiátricos de la época con una historia similar a la de "Corredor sin retorno".

Pero, volviendo a la ficción cinematográfica descrita por Sam Fuller, el Dr. Fong se encarga del montaje de la falsa patología para el intrépido periodista. Ambos eligieron un trastorno fetichista, cuyo oscuro objeto de deseo era el cabello (las trenzas) de su supuesta hermana. A esta usurpación se presta a regañadientes su novia Cathy, una turbadora bailarina de striptease (interpretada por la actriz Constance Torrance, protagonista de otra controvertida obra de Fuller, "The naked kiss" - 1964).

Además de la bella rubia y del inquietante psiquiatra de ojos rasgados, solamente "Swanee" Swanson (William Zuckert), el director del periódico Daily Globe, serán los únicos vínculos de Johnny con la realidad. Tratando de hacer desistir a su amado de su descabellada idea, Cathy pronuncia una frase que bien pudiera resumir toda esta trama cinematográfica: "las buenas historias nacen de la vida, no de una serie de términos médicos vulgarizados..."

Según la clasificación DSM IV, el fetichismo forma parte de las llamadas parafilias, y queda englobado dentro del apartado mayor de los "Trastornos sexuales y de la identidad sexual". Consiste en fantasías sexuales recurrentes y muy excitantes, en forma de impulsos sexuales o comportamientos ligados al empleo de objetos no animados (generalmente ropa interior femenina), que persiste más allá de 6 meses.

En el vínculo siguiente, podemos disfrutar con el surrealista número de baile de Cathy cimbreándose sobre el escenario del club de striptease, al ritmo de los compases de "I Want Somebody to Love", un tema original de Paul Dunlap, el compositor de la banda sonora presicodélica que acompaña a este film:


Tras interponer Cathy una falsa denuncia en la comisaría por acoso sexual e intento de incesto, la policía detiene a Johnny, que se hace pasar por un desequilibrado y así consigue ingresar temporalmente en el departamento de psiquiatría del Hospital General del Condado. Será el Dr. Menkin (Paul Dubov) el que primeramente se haga cargo de él. Su diagnóstico psiquiátrico inicial resulta contundente: un caso de esquizofrenia "agudísimo". Por la noche, las imágenes oníricas de Cathy acosan a Johnny en forma de pesadillas desasosegantes. En tales momentos, su mente se debate entre el extremo de abandonar la farsa, conservando el amor de su amada, o continuar con su particular y arriesgada experiencia.

Una vez trasladado al Hospital Psiquiátrico Estatal, ante la ávida mirada de Johnny comienza el desfile de un auténtico catálogo de trastornados: neuróticos, psicóticos, catatónicos... Por el simbólico corredor central (al que todos llaman coloquialmente "La Calle"), durante "La hora de la Amistad", los enfermos psiquiátricos pacíficos pasean libremente. Para evitar conflictos, hombres y mujeres se encuentran hospitalizados en alas independientes. Wilkes (Chuck Roberson), un enfermero celador le advierte a Johnny sobre el peligro de las ninfómanas, con las que Johnny vivirá accidentalmente una experiencia sumamente desagradable (mientras una de ellas canta la popular canción folk escocesa "My Bonnie lies over the Ocean", al igual que un día hicieron The Beatles con Tony Sheridan). Más recomendaciones para comportarse de una manera políticamente correcta. Palabras vetadas, como "loco, chiflado, maniático, majareta, manicomio"; en su lugar, otras más adecuadas: "paciente, sanatorio psiquiátrico, higiene mental...". Ahora será el brillante Dr. L.G. Cristo (John Mathews) el nuevo médico especialista de Johnny. Continuando con su trama, Johnny le cuenta al psiquiatra que tiene alucinaciones auditivas y visuales (un hombre le habla desde la televisión reprochándole la enfermiza pasión por su "hermana"). Segundo diagnóstico: demencia precoz, aparecida durante la pubertad, caracterizada por un comportamiento infantil, alucinaciones y trastornos emocionales.

Además de los tranquilizantes, los antipsicóticos y los anticonvulsivantes, los pacientes también son tratados con medidas físicas, como por ejemplo los baños de hidroterapia relajante, la terapia de baile y... ¡cómo no!, también con electroshocks.

El osado periodista comparte habitación con otros pacientes, entre los que destaca el orondo Pagliaci (un prolífico Larry Tucker, actor, escritor, compositor y productor, nominado a un Globo de Oro por esta interpretación), un psicótico asesino de su esposa que cree ser un afamado cantante de ópera, acosado permanentemente por alucinaciones auditivas en forma de arias (como por ejemplo, la archiconocida "Largo al factótum", de "El barbero de Sevilla" - Gioacchino Rossini). Él es el que le cuenta a Johnny cómo a Sloan lo mataron en la cocina con un cuchillo. Acto seguido, Johnny se pone a buscar entre los pacientes ingresados a los tres supuestos testigos del sangriento asesinato:

  1. Testigo nº 1: Stuart (James Best), un granjero sureño que cree ser el general Jeb Stuart, un héroe confederado de la Guerra de Secesión norteamericana, absorto en el estudio de mapas y esquemas de la batalla de Gettysburg. Sólamente las notas musicales del popular tema "Dixie" parecen sacar a Stuart de su catatonia. Este enfermo sufre un trastorno psicótico por estrés postraumático, muy frecuente entre los soldados, tras haber caído prisionero en la Guerra de Corea y haber sufrido un concienzudo programa especial de reeducación comunista. Cuando por fín fue liberado, al regresar a casa fue licenciado del ejército con deshonor y rechazado por todos (incluyendo su propia familia), lo que desencadenó su despeñamiento afectivo y racional. Siendo "Corredor sin retorno" una película en blanco y negro, varias veces se intercalan imágenes en color, intentando reforzar aún más el impacto visual de las alucinaciones (en este caso, imágenes que Fuller toma prestadas de otra película suya de 1955 titulada "House of Bamboo", como por ejemplo el gran Buda de Kamakura, desfiles de monjes, geishas y fieles budistas, la gran noria del parque de atracciones, el Monte Fuji con sus cumbres nevadas...). Stuart le cuenta a Johnny que el asesino de Sloan llevaba pantalones blancos. Primera pista.
  2. Testigo nº 2: Trent (Hari Rhodes). Único estudiante de color en una universidad del Sur profundo, desfila por los pasillos presa de un delirio de reivindicación caracterizado por un fanatismo inverso; en sus manos porta un cartel manuscrito con leyendas racistas contra los afroamericanos y la política de integración. Otra de sus aficiones delirantes se refiere a la colección de fundas de almohadas, que emplea para fabricar capuchones como los que utiliza el Ku Klux Klan en sus reuniones secretas. ¡Qué magnífica idea la de Sam Fuller al escribir este guión!. Nadie más convincente que un hombre de color para atacar el racismo desde la postura y el lenguaje del más acérrimo fanático blanco supremacionista. He aquí, en el aséptico interior de un manicomio, la desnudez de la locura y la irracionalidad del racismo, que posee como un demonio a un hombre de color que ama profundamente al país que lo rechaza por ser diferente. Mientras Johnny y Trent permanecen aislados, vestidos con camisas de fuerza bien aseguradas, una vez más las imágenes en color sirven de fondo para la representación de los cuadros alucinatorios. En este caso son imágenes documentales de la tribu Karajá, filmadas en 1954 por el propio Fuller en plena Amazonia brasileña. En 1994, el cineasta finlandés Mika Kaurismäki homenajearía estos trabajos de Fuller en su obra "Tigrero, la película que nunca existió". Trent aporta a Johnny la segunda pista: el asesino de los pantalones blancos no es un médico. Es un enfermero.
  3. Testigo nº 3: Boden (más tarde popularmente televisivo Gene Evans, que ya había trabajado en 1955 con Fuller en la exitosa "Casco de acero", donde interpretaba al inolvidable Sargento Zack). Este poco convincente personaje es un físico americano ganador del Premio Nobel, que trabajó en la génesis de la bomba atómica y en la carrera aeroespacial, pero que ahora ha perdido irremediablemente la razón; presenta un cuadro compatible con un trastorno psicótico con regresión a la infancia. Como casi todos los demás enfermos, Boden también padece alucinaciones auditivas, voces que en este caso le conminan a atender sus antiguos trabajos científicos. Él le dará a Johnny el nombre del asesino: el enfermero Wilkes.

Johnny Barrett perderá finalmente su cordura. Comenzará por no distinguir a la Cathy real, su novia, de la Cathy falsamente convertida en su hermana. A las constantes pesadillas, a la angustia y a la depresión, a los efectos secundarios de la medicación y al trauma del electroshock, se unirá además ahora la insoportable presión por vivir encerrado permanentemente entre cuatro paredes con enfermos mentales, personajes a los que Samuel Fuller dota deliberadamente de síntomas y signos exageradamente patológicos, catatónicos y escorzos manieristas.

Hay algunos que opinan que "Corredor sin fondo" es la única película de Fuller que gusta a sus detractores. La simplicidad del guión y cierta ingenuidad pseudocientífica con la que se tratan algunas cuestiones psiquiátricas, en mi opinión son defectos disculpables que contribuyen al éxito de la película.


http://thecinema.blogia.com/2007/072603-shock-corridor-1963-samuel-fuller-corredor-sin-retorno.php

Una última genialidad de Fuller: la colosal pelea entre Barrett y Wilkes se inicia en la sala de hidroterapia, para finalizar en la cocina del sanatorio, justamente el lugar donde el criminal enfermero asesinó al desgraciado Sloane.

Deseo también dejar aquí constancia de mi sentida admiración por la dirección de fotografía de Stanley Cortez, responsable también, entre otras obras maestras, de las imágenes de "La noche del cazador" (Charles Laughton, 1955); en otras palabras, planos breves y rápidos, juegos de luces y sombras, superposición de imágenes y manejo magistral del encuadres de las líneas rectas (barrotes, rejas, esquinas) y de la perspectiva (el corredor omnipresente).

http://www.filmaffinity.com/es/review/32247737.html


ANÉCDOTAS, CINEFAGIA, CINEFILIA...

  • En el camerino del club de striptease, mientras la cámara hace un travelling atravesando los compartimentos de las bailarinas, al llegar al de la última chica (llamada Karen), ésta conserva pegada en la pared al lado de su espejo una fotografía con la clásica estampa del propio Samuel Fuller, sosteniendo un sempiterno cigarro habano en su boca. Puro narcisismo...

SAMUEL FULLER, fumando espero...

  • Desde muy joven, Sam Fuller trabajó como periodista especializado en sucesos para varios diarios: New York Journal (de cuya plantilla entró a formar parte a los 17 años), New York Evening Graphic y San Diego Sun. Debido a su facilidad para escribir relatos policíacos pulp, pronto sería contratado en Hollywood como guionista. Un ejemplo destacado de estas labores: el guión de "Más fuerte que la ley" (Douglas Sirk, 1949).
  • En 1957, Fuller dirigió a Sara Montiel en "Yuma" (originalmente "Run of the Arrow"), clasificado por algunos críticos como un western "psicológico".
  • De las paredes de las consultas de los psiquiatras (Dr. Fong y Dr. Cristo) penden retratos de Sigmund Freud, padre de la teoría psicoanalítica.

SIGMUND FREUD, habano en ristre...

  • En 1964, Dennis Sanders dirigió "Shock treatment", conocida en el mercado hispano por el título de "Conspiración diabólica", un thriller psicológico en el que un investigador privado ingresa en una institución psiquiátrica simulando ser un enfermo mental, con la finalidad de descubrir un botín de 1 millón de dólares oculto en el hospital...

sábado, 22 de marzo de 2008

COWBOY DE MEDIANOCHE



Dustin Hoffman y Jon Voigth,
"Ratzo" Rizzo y Joe Buck



En determinadas ocasiones, ciertas coincidencias resultan harto sugestivas. "Cowboy de medianoche" (John Schlesinger, 1969) y "El aventurero de medianoche" (Clint Eastwood, 1982), dos películas con sendos títulos en castellano que bien pudieran llevarnos a la confusión. Ambas están protagonizadas por vaqueros altos y espigados, Joe Buck (Jon Voight) y Red Stowall (Clint Eastwood), dos vagabundos desgarbados y fracasados, dos de los más típicos antihéroes americanos en busca de su trascendental destino. Por si fuera poco, la tuberculosis es también la primordial enfermedad presente en las dos ficciones. Mientras Eastwood interpreta a un veterano cantante country tuberculoso que viaja hacia su última actuación en Nashville, en la demoledora película de Schlesinger es Dustin Hoffman el encargado de encarnar al fullero Enrico Salvatore "Ratzo" Rizzo, un miserable superviviente salido de las más profundas cloacas del Bronx neoyorquino, un petimetre lisiado consumido por la tisis cuyo máximo anhelo es viajar a las cálidas costas de Florida para vivir en paz el resto de sus días.

"Cowboy de medianoche" fue una obra innovadora en muchos aspectos. Premiada con el Óscar a la mejor película en 1970 (¡el único film clasificado X que ha obtenido esta distinción en la historia de la Academia de Hollywood!), fue realizada gracias al guión del galardonado Waldo Salt (también Óscar al mejor guión no original en 1970), desarrollado a partir de la novela del escritor y actor James Leo Herlihy.


En cierta manera, podríamos considerarla como una de las películas pioneras que muestran al espectador con contundente crudeza, la miseria existente en el extrarradio de la Gran Manzana, una atrayente Nueva York que, como otras grandes megalópolis, pivota entre la obscenidad de la riqueza y el lujo desmesurados hasta la más absoluta pobreza reinante en sus lóbregos escenarios suburbiales, una gran hoguera de las vanidades capaz de consumir en su vorágince miles y miles de ilusiones, de esperanzas, de existencias. El cineasta neoyorkino Martin Scorsese, un virtuoso en el retrato cinematográfico urbano de su ciudad, opinaba sobre este film de Schlesinger en "Mis placeres de cinéfilo" (La memoria del Cine. Editorial Paidós): "una película lacerante, magnífica, sobre las desilusiones de Nueva York..."


Resulta conmovedora la sublime autoestima del vaquero John Buck. ¿De dónde sacó él la peregrina idea de que podría vivir a costa de las mujeres? Tal vez de un subconsciente marcado por la relación con su abuela; ¿abusos sexuales en su infancia?. El muchacho decide abandonar su humilde puesto de lavaplatos en su Texas original, dispuesto a cruzar los EEUU hacia la costa este para vivir como un auténtico gigoló. Ligero de equipaje (una maleta de piel de vaca, una radio portátil, unas polícromas camisas de rodeo, unas botas y un sombrero vaquero, una chaqueta con flecos y un puñado de dólares), siempre sonriente, un infatigable optimista que masca chicle con tanta tenacidad como la que le empuja hacia la buena vida soñada: "no soy realmente un vaquero, soy un vividor, soy un semental..."


Chuleado por Cass (Sylvia Miles), una especie de prostituta de alto standing, estafado por Rizzo, expulsado de su propia habitación en el hotel, sin tener donde caerse muerto comienza a dar tumbos por una ciudad que, durante la noche, se convierte en la más sórdida jungla de asfalto. Por delante de sus ojos desfilarán invertidos, mendigos, predicadores iluminados, jóvenes homosexuales que se amparan en la oscuridad de los cines para dar rienda suelta a sus instintos más ocultos, chaperos..., mientras el candoroso vaquero no desfallece en su intento de vivir a costa de las mujeres. Y así continuará pensando a pesar de compartir con "Ratzo" Rizzo incontables penalidades en un sórdido cuartucho dentro de un edificio amenazado de demolición. Prefiere aguardar su oportunidad antes de ponerse a trabajar de lavaplatos, antes de regresar a sus orígenes.


El quimérico recorrido de Joe Buck por las males calles de Nueva York es muy parecido al que años después realizará el personaje de Travis Bickle en "Taxi Driver" (Martin Scorsese, 1976). Dos puntos de vista enfrentados sobre unas vivencias similares. ¡Cuán duro y deprimente es el rechazo de nuestros semejantes!...


El cowboy y el tullido formarán un bien avenido tándem de modernos pícaros. La ira inicial, provocada por las artimañas de Rizzo, se convierte en cristiana piedad y elevado sentido protector en un Joe Buck que, quizás por primera vez en su vida, encuentra la amistad verdadera.


La desnutrición, el tabaquismo, el frío y la humedad intolerable reavivan una tuberculosis fulminante que mantiene al personaje de Dustin Hoffman bañado en sudor, consumido por una ardiente fiebre héctica, descoyuntado por los accesos de una tos incoercible, extenuado por los esputos hemoptóicos y los constantes escalofríos. A las secuelas de la enfermedad física podemos añadir también las consecuencias de una patología social.


Con el paso del tiempo, esta película de Schlesinger (que provenía del free cinema) tal vez se me antoja excesivamente psicodélica y obstinada en la utilización del feed back, profuso recurso aquí presente para lo que en realidad intenta narrar sobre el traumático pasado del cowboy (la relación especial con su abuela - ¿complejo de Edipo?- y con su novia - violación y abusos sexuales -). Precisamente será en un happening del underground neoyorquino (digno de cualquiera de las famosas reuniones de The Factory de Andy Warhol), donde Joe Buck consigue triunfar. Su supuesta "víctima" es Shirley (Brenda Vaccaro), que le paga 20 dólares por pasar en sus brazos una noche de lujuria y pasión. Por cierto, el "gatillazo" que Joe sufre antes de copular con Shirley, junto a las insinuaciones que ella misma le hace sobre su supuesta homosexualidad, mantienen abierta una puerta a la especulación sobre el personaje de Jon Voight. Recordemos que este film es muy reivindicado por el colectivo gay.


Presentamos unas interesantes críticas de esta película para completar información:

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article576.html






Destacamos la espléndida banda sonora, compuesta por John Barry, en la que destaca el exitoso tema "Everybody´s Talkin" cantado por Harry Nilsson, hoy en día todo un clásico.






Esta película está plagada de anécdotas, de entre las cuales hemos destacado las siguientes (ficha de "Cowboy de medianoche" en IMDb - The Internet Movie Database):

  • Para el papel del vaquero Joe Buck, antes que Jon Voight fueron seleccionados los actores Lee Majors y Michael Sarrazin. El primero tenía que cumplir sus compromisos televisivos en "The Big Valley", mientras que el segundo fue rechazado por un conflicto salarial. Warren Beaty también demostró su interés para representar este personaje, pero el propio Schlesinger desestimó dicha opción, porque el galán era demasiado famoso como para resultar convincente como chapero.




  • De la misma manera, el personaje de "Ratzo" Rizzo fue ofrecido al actor Robert Blake, que lo rechazó. Dustin Hoffman, que venía de triunfar en "El Graduado" (Mike Nichols, 1967) fue entonces el elegido. Pero antes, consciente de que su popular imagen podría costarle el papel, se disfrazó de mendigo y retó al departamento de casting a que lo descubrieran entre la multitud de las calles de Manhattan, donde pasó completamente inadvertido.


  • Para conseguir renquear convincentemente, dicen que Dustin Hoffman introducía pequeños guijarros en sus zapatos. Pero si observamos con detenimiento su interpretación durante la película, podemos observar que en unas ocasiones cojea con la pierna derecha mientras en otras lo hace con la izquierda. Por otra parte, en determinadas escenas, de tanto forzarse para toser de manera verosímil, el actor terminó realmente vomitando.


  • Los habituales de Nueva York que presten atención a esta película podrán percatarse de que cuando Joe Buck se aproxima a la Gran Manzana en un autobús procedente de Texas, por la ventanilla ve a lo lejos la Estatua de la Libertad. Sin embargo, esta circunstancia sólo es posible si el viajero realmente se aleja de Nueva York en dirección a New Jersey. De la misma manera, cuando Joe y Rizzo parten hacia Miami en autobús, éste entra por la variante sur del Lincoln Tunnel, que es precisamente la vía encargada de recoger todo el tráfico rodado que entra en Nueva York desde el este.

  • En 1976, John Schlesinger y Dustin Hoffman volverían a trabajar juntos de nuevo en otra exitosa y aclamada película del director británico: "Marathon Man".

jueves, 20 de marzo de 2008

BETTY BLUE



Jean-Hugues Anglade y Béatrice Dalle
"Zorg" y "Betty"


He leído la siguiente definición en un artículo médico (Molina Ramos R, Benabarre Hernández A. ¿Qué son los trastornos de la personalidad?. JANO. 2006, 1618: 51 - 52):

"Trastorno histriónico de la personalidad: suele ser más frecuente en mujeres que presentan un comportamiento excesivamente dramático, emocional e impresionista con el fin de buscar ser el centro de atención, situación que a veces consiguen mediante amenazas de suicidio. Resultan inicialmente seductoras, ya que buscan atraer la atención por medio de su aspecto físico, que cuidan especialmente. Expresan sus emociones de una manera superficial y cambiante. Fácilmente sugestionables".

Entonces, me acordé de "Betty Blue" ("37º2 Le Matin"), la película de intensa carga erótica firmada por Jean-Jacques Beineix en 1986. Basada en la novela de Philippe Djian, está protagonizada por la explosiva y cautivadora Béatrice Dalle en el papel de Betty, y el determinante Jean-Hugues Anglade en el de Zorg. Al año siguiente, este polifacético actor francés también interpretará existosamente al Dr. Clément Potrel en "Maladie d´amour" (Jacques Deray, 1987).

Me retrotraigo en el tiempo. Primeras sensaciones agradables, prometedoras, gratas... Desde los créditos iniciales, con el trasfondo de una pantalla azul ultramar que anega mi mirada, la reiterativa música de tiovivo compuesta por Gabriel Yared encandila mis oídos. 

Confieso que la primera vez que vi este film me quedé impactado por la tórrida escena de sexo con la que da comienzo. Betty y Zorg en plena faena, sudorosos, atravesados sobre un camastro, bajo una sonriente estampa de la Mona Lisa. La secuencia se prolonga durante casi 2 minutos.


UNA PRIMERA OPORTUNIDAD PARA LA FELICIDAD

De manera imprevista, vestida con tan solo un delantal, como una salobre brisa marina Betty se desliza entre las ajadas cuadernas de la vida de Zorg. A partir de este instante, su plácida y solitaria existencia cambiará de manera radical.


Ahora, el vasto paisaje ambarino de las luminosas playas y marismas de Gruissan-Aude (en plena Riviera Francesa), se convertirá en el protagonista del film, envolviendo entre sus arenales los desvencijados pero entrañables bungalows de madera que la pareja de amantes intentará pintar sin éxito (otra vez el color azul, contrastado ahora con el rosa pastel). Un esperpéntico conflicto con el baboso casero de Zorg (Claude Confortés) pondrá en fuga a la pareja dejando atrás su palafito (y quizás también su pasado) en llamas.

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD...

Abandonada la costa, los amantes se dirigirán a París. En las afueras, se hospedarán en casa de Lisa (Consuelo de Haviland) una antigua viuda amiga de Betty que regenta el semiabandonado "Hotel de la Marne", a orillas del Sena. Allí Betty comienza la ardua tarea de mecanografiar todos los manuscritos que Zorg había redactado con anterioridad. Lo hace muy concentrada, noche y día, sin descanso, tecleando solo con dos dedos, y por cada error que comete, nunca lo corrige, sino que enfadada ¡arranca la página entera!.

De vez en cuando, Zorg alcanza una embriaguez hilarante mediante la ingesta de "tequilas rápidos" o "coscorrones", una explosiva mezcla de tequila y tónica (también sirven los refrescos gaseados de limón), que golpea contra la mesa para tragárselo de un golpe cuando el brebaje alcanza su máxima efervescencia.


Betty, Zorg y Eddy

La pareja encuentra trabajo en la "Pizzeria Stromboli", el negocio propiedad de Eddy (Gérard Darmon), el hortera y simpático rockero frustrado amante de Lisa. La inestabilidad psiquiátrica de Betty se pone de manifiesto continuamente: ataques de ira descontrolada en los que clava un tenedor en el brazo de una cliente insatisfecha o le corta la cara con un peine metálico a un editor que se atrevió a menospreciar la novela de Zorg.

LA TERCERA Y ÚLTIMA OPORTUNIDAD

La muerte de la madre de Eddy hace que Betty y Zorg se hagan cargo de una ruinosa tienda de pianos en la provinciana villa de Marvejols. Llegamos al impasse narrativo en el desarrollo de este film. Las escenas cómicas (la corbata de Eddy en el funeral de su madre, el velatorio en el propio domicilio materno, el pelirrojo tendero Bob - Jacques Mathou - y su ardiente esposa, el servicio municipal de recogida de basuras, la policía local, el atraco a mano armada de una compañía de seguridad por parte de Josephine - Zorg travestido, etc) preceden al dramático desenlace de esta historia. 

A raíz de un embarazo frustrado, Betty comienza a desarrollar un profundo trastorno psicótico, tal vez una esquizofrenia catatónica. La joven afirma escuchar voces dentro de su cabeza, se sumerge en la estupefacción, enmudece, se aisla de su entorno y de sus amistades, hasta que finalmente intenta suicidarse (sobrecogedora automutilación al intentar extirparse el ojo derecho).


La tenebrosa sombra del suicidio planea sobre la inestable Betty en varias escenas de la película, como por ejemplo en aquella secuencia en la que deprimida observa las vías del tren, aguardando una respuesta que nunca llega por parte de algún editor literario.


Por momentos, el ritmo del film se transforma en parsimonia. El color amarillo canario (el del Mercedes Benz de segunda mano o el de la cazadora del protagonista) y el rojo carmesí (el vestido de Betty y la ropa femenina que emplea Zorg para perpetrar el atraco o para entrar camuflado en el hospital) sustituyen a los tonos azulados y rosáceos del principio de la película.


Incapaz de soportar el progresivo deterioro psíquico que irremediablemente padece Betty, Zorg decide poner fin a sus sufrimientos y asfixia a su amada con una almohada mientras permanece hospitalizada, en una clara referencia a "Alguien voló sobre el nido del cuco" (Milos Forman, 1975), porque de esa misma manera el personaje del Jefe Indio Bromden (Will Sampson) ponía fin a la vida de su camarada charlatán Randle McMurphy (Jack Nicholson).


Paradójicamente, la desaparición física de Betty coincidirá con el inicio del éxito literario de Zorg. Por suerte, circulan almas sensibles por este planeta que tienen, por lo menos, tan buen concepto como el mío de esta triste película francesa: Betty Blue, ¿una historia de amour fou?

Dejando a un lado tanta devoción, existen frases que sin duda alguna borraría del guión, como la pretenciosa definición que Zorg hace de Betty: "ella era como una flor con antenas translúcidas y un corazón de plástico malva". Yo me quedo con la Betty inmadura, lujuriosa y tremendamente carnal, tan alocada en la ficción como la actriz que en su día la encarnó:

lunes, 17 de marzo de 2008

SHREK




"SHREK" versus MAURICE TILLET


Tal vez pudiera resultar demasiado pretencioso incluir una película de animación dentro de un blog que pretende ser formal y conciso en el tratamiento de los temas. Nada de eso.



"Shrek" (Andrew Adamson, Vicky Jenson - 2001) aflora en estas líneas para presentar la asombrosa historia de Maurice Tillet, un personaje cordial y poco conocido por el público en general. Afectado en su juventud por esa rara enfermedad conocida como acromegalia, podría incluso haber formado parte del elenco artístico del inquietante film de Tod Browning titulado "La parada de los monstruos" (1932), glosado anteriormente en esta misma bitácora.




Maurice Tillet y Dorian Leigh, su particular "FIONA"

No debemos confundir acondroplasia con gigantismo, aunque la etiología de ambos trastornos es común; se trata del exceso de la hormona del crecimiento (GH), generalmente provocado por un adenoma hipofisario hipersecretor. En los niños, al no haberse cerrado todavía los puntos de osificación, causa un desarrollo exagerado alcanzando los afectados tallas muy elevadas, verdaderos gigantes, de ahí el nombre coloquial de este trastorno.



Sin embargo, el exceso de la GH en los adultos, una vez que se ha detenido el desarrollo del esqueleto, es causa de acromegalia, ocasionando el crecimiento exagerado de los huesos del cráneo y de la mandíbula (prognatismo), de las manos y de los pies, de las vísceras y de los tejidos blandos (tiroides, corazón, hígado y riñones).

El Dr. Pierre Marie (1853 - 1940), discípulo del eminente neurólogo y anatomista Jean-Martin Charcot (1825 - 1893) describió por primera vez esta patoloigía en 1886 como un desorden la glándula pituitaria ("Sur deux cas d´acromegalie. Hyperthrophe singuliere no congénitale des ectrémités supérieuses et cepahlique"), uno de los hitos de la moderna endocrinología.




Doctor Pierre Marie (1853-1940)

Retomando el caso de Maurice Tillet, su natalicio resulta impreciso; de origen francés, algunos autores sitáun dicha fecha en el año 1903, mientras otros son más partidarios del 1910. Tras vivir una infancia completamente normal, a partir de los 20 años comenzó a desarrollar una acromegalia, quedando su cuerpo completamente desfigurado. A sus problemas físicos y frecuentes cefaleas se unió la frustrante incomprensión por parte de sus familiares y vecinos.



Maurice soñaba con ser actor. Buscando mejores horizontes viajó a los EEUU para convertirse en luchador profesional. A pesar de su fiero aspecto, alcanzó el éxito combatiendo bajo los apodos de "El Ogro del Cuadrilátero" y "El Ángel Francés", siempre arropado por el enorme cariño de los aficionados. En 1944, alcanzó el campeonato mundial de la Asociación Americana de Lucha Libre, derrotando al temible Steve "Trituradora" Casey. Dicen los que le conocieron en vida que era un hombre muy inteligente, sensible y aficionado a la poesía, capaz de hablar incluso 14 idiomas.




HISTORIAS PARA NO DORMIR

Maurice Tillet murió el 4 de agosto de 1955, víctima de un ataque cardíaco. Con su consentimiento, al fallecer se realizaron 3 máscaras mortuorias de su rostro, una de las cuales se conserva actualmente en el "Hall of Fame" de la Asociación Norteamericana de Lucha Libre, en Nueva York. También se guarda un busto suyo de tamaño natural en el Museo Internacional de Ciencias Quirúrgicas de Chicago.

A propósito de las máscaras mortuorias, cuentan por ahí una curiosa historia de fantasmas, recogida en febrero de 1987 en el fanzine titulado "Florida Mat Wars". En vida, Maurice Tillet fue un gran aficionado al ajedrez. Solía jugar largas partidas con su amigo Patrick Kelly, un importante hombre de negocios de Massachusetts. En 1980, Kelly todavía conservaba en su despacho una de las máscaras funerarias de "El Ogro de los Cuadriláteros"

Un buen día, el magnate afirmó haber jugado al ajedrez con el espíritu de Tillet, empleando un ordenador especializado que tenía en la biblioteca de su mansión. En ese mismo lugar, se encontraba expuesta en un lugar privilegiado la máscara del deforme luchador. Sin que nadie programa el ordenador, una tarde éste inició la partida con una vieja apertura francesa del siglo XVIII, la misma que Tillet frecuentemente utilizaba. Kelly jugó la partida, y solamente al día siguiente se percató de que el ordenador había permanecido desenchufado. Este hecho fantástico se repitió exactamente igual unas semanas después.

Una vez revisado el ordenador por los técnicos, se pudo comprobar que funcionaba a la perfección, y que sólo se encendía sin estar alimentado por la corriente eléctrica cuando la máscara fúnebre de Tillet permanecía cerca de él. Analizaron la careta y vieron que solamente estaba formada por yeso, muy compacto...




CINEFILIA

Una breve reseña para Rondo Hatton, otro prolífico y afamado actor afectado por acromegalia. De nombre verdadero David Elkins, nació en Maryland (EEUU) en 1894, participando con éxito en infinidad de filmes de serie B en la década de los 40, donde casi siempre encarnó el papel de malvado deforme. Su nombre artístico incluso llegó a ser empleado como seudónimo en el escenario por el visionario músico y compositor Frank Zappa.




TIERRA DE GIGANTES

Robert Wadlow (1918 - 1940) ostenta hasta el momento el honor de haber sido el hombre más alto del mundo, con sus 2.73 metros de estatura. Su crecimiento fue normal hasta los 4 años; a partir de entonces, su talla fue incrementándose sin parar hasta detenerse en el momento de su fallecimiento.




En Copenhague se levanta el peculiar museo de los Records Guinness. A sus puertas existe una réplica del hombre supuestamente más alto del mundo, el campesino mongol Xi Shun, de 2.36 metros, así reconocido hasta el año 2009.



Su sucesor es el turco Sultan Kösen, que en la actualidad mide 2.51 metros. A pesar de su anotación del libro de los records, su estatura es superada por la del ucraniano Leonid Stradnik, 2.60 metros y 300 Kilos, cuyo reconocimiento no es oficial al haberse negado a ser medido por los inspectores del Guinness. En 2010, Kösen fue intervenido quirúrgicamente para extirparle el tumor que le provocaba un crecimiento incesante.

Respecto a la mujer más alta del mundo, los medios de comunicación se hacía eco de su fallecimiento a principios de diciembre de 2012. Se llamaba Yao Defen y dejó de existir el 18 de noviembre en su casa familiar, en la provincia oriental china de Anhui. A los 15 años medía 2 metros, pero un tumor hipofisario provocó que siguiera creciendo hasta alcanzar los 2.33 metros.



Yao Defen, la mujer más alta del mundo

Pero han existido muchos otros personajes populares asociados al padecimiento del gigantismo y de la acromegalia. Al igual que Maurice Tillet, varios de ellos se dedicaron al campo de la lucha libre, como por ejemplo "El Gran Khali" (2.23 metros) o el también luchador francés "André el Gigante" (2.13 metros), que intervino como actor en "La princesa prometida" (Rob Reiner, 1987), fallecido en 1993, víctima de un infarto de miocardio mientras asistía al funeral de su propio padre.



The Great Khali

André "The Giant"

También por su extraordinario parecido con el entrañable ogro verde, encuadrado además dentro del mundo del combate deportivo, incluimos aquí a Nikolai Valuev (2.13 metros), el boxeador ruso campeón mundial de los pesos pesados desde 2005 en versión de la AMB (Asociación Mundial de Boxeo).


Nikolai Valuev, "La bestia del Este"

Otros triunfaron gracias a la práctica del baloncesto, como el rumano Georghes Muresan (2.31 metros), que también hizo sus pinitos cinematográficos junto al risueño Billy Cristal en "My Giant" (Michael Lehmann, 1998), o el buque insignia de la selección de la extinta Unión Soviética, Vladimir Tkachenko (2.21 metros), o el techo del basket español, el jugador internacional Roberto Dueñas (también 2.21 metros).


Gheorge Muresan y Billy Cristal


Roberto Dueñas contra Elmer BennettVladimir Tkachenko contra Juan Antonio Corbalán


Pero tal vez los gigantes cinematográficos más famosos hayan sido:

- El polifacético Primo Carnera (2.05 metros y 120 Kgr), boxeador italiano que consiguió el cetro mundial de los pesos pesados. Su popularidad incluso llegó a inspirar un personaje de cómic: Dick Fulmine.



Se interpretó a si mismo en "El boxeador y la dama" (W.S. Van Dyke, Howard Hawks, 1933) y su azarosa existencia pugilística sirvió para inspirar el guión de "Más dura será la caida" (Mark Robson, 1956). Un desgraciado incidente tuvo lugar el 10 de febrero de 1933, cuando Carnera noqueó en Nueva York a Ernie Schaaf en el asalto 13. La víctima entró en coma y falleció en el hospital pocos días después.




Su última aparición en la gran pantalla fue encarnando al gigante Anteo en el peplum "Hércules y la reina de Lidia" (Pietro Francisci, 1954), junto al popular Steve Reeves.


- El terrorífico Richard Kiel (2.20 metros), el descomunal malvado "Jaws -Mandíbulas", encarnizado rival de James Bond en las exitosas cintas "La espía que me amó" (Lewis Gilbert, 1971) y "Moonraker" (Lewis Gilbert, 1979).



- El gigante israelita Eddie Carmel (2.30 metros), artista de circo, campeón de lucha libre y actor especialmente recordado por su encarnación del espantoso monstruo mutante de "El cerebro que no podía morir" (Joseph Green, 1962).

- El malogrado Matthew MacGrory (2.30 metros), recordado por su entrañable interpretación del Gigante Karl en la caleidoscópica "Big Fish" (Tim Burton, 2003).


- El recientemente fallecido gigante argentino Jorge González (24/9/2010), alias El Gigante González (2.29 metros), que triunfó en el mundo de la lucha libre americana tras su frustrada aventura como pivot en la NBA (elegido en el draft por Atlanta Hawks en 1988, aunque nunca llegó a debutar). Actuó en algunos capítulos de populares series televisivas, como "Los vigilantes de la playa".



Mathew McGrory es Karl The Giant en "Big Fish"


El "sonriente" Richard Kiel de "Moonraker"


Eddie Carmel, el gigante israelita


El Gigante González y Pamela Anderson


- Al británico Peter Mayhew (2.21 metros), mientras trabajaba como asistente en el Hospital King´s College de Londres, los productores Charles Schneer y Ray Harryhausen le propusieron participar en "Simbad y el ojo del tigre" (Sam Wanamaker, 1977), aunque en la historia del cine quedará inmortalizado tras haberse convertido desde aquel mismo año en el inefable Chewbacca en "La guerra de las galaxias" (George Lucas, 1977).





Peter Mayhew con Stuart Freeborn, el creador de Chewbacca

- Neil Fingleton (2.32 metros) es otro actor y jugador de baloncesto británico que hasta el BREXIT ostentaba el record de Hombre Más Alto de la Unión Europea. Ha intervenido en diversos documentales y participado como actor en películas como "X-Men primera generación" (Matthew Vaughn, 2011), "La leyenda del samurái: 47 Ronin" (Carl Rinsch, 2013) junto a Keanu Reeves, "El destino de Júpiter" (The Wachowskis, 2015) y "Los Vengadores: La Era de Ultrón" (Joss Whedon, 2015).


En la popular serie televisiva "Juego de Tronos" Neil Fingleton encarna al gigante Mag The Mighty.

- Sin alcanzar estatura de gigante, el popular Paul Benedict (1.93 metros) también padeció acromegalia. Recordado por sus intervenciones en series televisivas como "The Jeffersons" y "Barrio Sésamo", encarnando además al Reverendo Lindquist en "Jeremiah Johnson" (Sydney Pollack, 1972) junto a Robert Redford.




Paul Benedict (1938 - 2008)

- Carel Struycken (2.13 metros) es un actor holandés con una dilatada carrera artística a sus espaldas, si bien es más conocido por sus interpretaciones del mayordomo en la saga cinematográfica protagonizada por la Familia Addams. Diagnosticado de acromegalia, fue El Gigante en la serie "Twin Peaks", creación de Mark Frost y David Lynch, y también participó en "Las brujas de Eastwick" (George Miller, 1987) junto a Jack Nicholson.




Carel Struycken en "La Familia Addams"

- A propósito de la Familia Addams, y sin llegar a alcanzar la estatura de Struycken, el nombre de Ted Cassidy (2.06 metros) quedará para siempre asociado a esta comedia televisiva creada por David Levy, y que se mantuvo en antena desde 1964 a 1966. En esos 64 episodios, Cassidy encarnó a Largo, el hierático mayordomo. 



Jackie Coogan y Ted Cassidy son el Tío Fester y el mayordomo Largo

LOS GIGANTES ESPAÑOLES.

Oficialmente, el hombre más alto de España es Saad Kaiché (2.30 metros), de origen argelino, cuya existencia transcurre en la actualidad entre la desesperanza del paro y el anhelo por regresar a las canchas de baloncesto.



Saad Kaiché

Pero, históricamente, Miguel Joaquin Eleizegui Arteaga (1818 - 1861) ha sido el español más alto hasta hoy reconocido. El "Gigante de Altzo" alcanzó a medir 2.42 metros y a pesar 203 kilos. Al igual que Maurice Tillet, comenzó a crecer desmesuradamente tras padecer una extraña enfermedad a los 20 años. A partir de entonces, se ganó la vida holgadamente paseándose por el mundo entero como atracción de feria.


El gigante de Altzo

Falleció en 1861, a los 42 años de edad, al parecer por una tuberculosis. Su leyenda se agigantó tras la profanación de su tumba en el cementerio de Altzo y la desaparición de su descomunal esqueleto, que se cree custodiado oculto en algún museo londinense.

Otro gigante español fue Agustín Luengo Capilla, nacido en Puebla de Alcocer (Badajoz) en 1826, 2.36 metros, fallecido a los 28 años de edad también por complicaciones derivadas de una tuberculosis. Su curiosa historia de atracción circense se entronca con la del Dr. Pedro González Velasco, un personaje de la época, le propuso comprar su esqueleto a razón de 2.50 pesetas diarias mientras viviera. En la actualidad, su osamenta permanece expuesta al público en el Museo Antropológico de Madrid.


El gigante extremeño

El último de los gigantes españoles históricos fue Fermín Arrudi Urieta (1870 - 1913), el chinán aragonés. Nacido en Sallent de Gállego (Huesca), entre los 11 y los 15 años comenzó a crecer desmesuradamente hasta alcanzar una estatura final de 2.29 metros. Exhibido en la Exposición Mundial de París en 1900, se ganó muy bien la vida como atracción de feria, habiendo recorrido con este oficio prácticamente el mundo entero. El escritor Rafael Andolz publicó en 1998 un libro relatando la vida de este gigante aragonés.




Sostienen los eruditos que hasta el mismísimo Ambroise Paré (1510 - 1592), precursor de la cirugía moderna, mostró un especial interés especial en el estudio de los casos de gigantismo.