domingo, 23 de septiembre de 2007

LA LUNA


JILL CLAYBURGH y MATTHEW BARRY son MADRE e HIJO en "LA LUNA"




En plena agonía de la década de los 70, ¿se imaginan a alguien capaz de inventar un cóctel explosivo donde se mezclaran la ópera, el incesto y la drogodependencia?, ¿que nos dejara en la garganta un sorprendente sabor agridulce y el aroma típico de la descomposición espiritual, que se concentra indefectiblemente a través de las imágenes de los atardeceres retratados en la muy controvertible ciudad de Roma...? Por supuesto, gracias a la impagable dirección de fotografía de Vittorio Storaro, que durante ese mismo año 1979 también se pondría al frente de las cámaras de "Apocalypse now", de Francis Ford Coppola.

¿Sería acaso su autor algún enajenado francotirador, que en la soledad de su privilegiado puesto de observación, se atreviese a disparar indiscriminadamente contra el enemigo y contra sus propios aliados? En otras palabras, realmente ¿era necesaria la génesis de toda esta belleza cinematográfica? Por supuesto que sí, y sólo Bernardo Bertolucci podría haberla realizado.

Estamos ante una película dificilmente etiquetable. Años atrás , en 1973, Bertolucci se había consagrado con la mítica "El último tango en París", a la que rápidamente muchos críticos se apresuraron a colgarle el sambenito de película erótica. A nuestro juicio, en realidad refleja una bellísima pero atípica relación amorosa, el último estertor de Marlon Brando como icono de la masculinidad y el deslumbrante debut de la entonces muy apetecible María Schneider.

Dicen que Betolucci deseaba a Liv Ullman para el papel de Caterina Silveri, la madre y soprano coprotagonista del argumento. Hubiera sido un error, pues la actriz sueca suele desprender un halo demasiado gélido e introspectivo, aséptico, desangelado, poco adaptable a esta ficción. Sin embargo, la elección de Jill Clayburgh resultaría mucho más acertada y convincente. Y, desde luego, más erótica y sugerente (¡yo hubiera preferido a Catherine Deneuve, sin lugar a dudas!). El realizador italiano también había pensado en Brando para el papel de Giuseppe, el verdadero padre de Joe, el descarriado vástago toxicómano (interpretado por el excelente y joven aficionado Matthew Barry). La ausencia de Brando se nos antoja otro gran acierto, pues la sombra del coloso de la interpretación tampoco hubiera engrandecido esta obra (¡perdóname Marlon!).

Existen decenas de películas en las que la problemática de la drogadicción se aborda de manera centrada y específica. A buen seguro, el tiempo las hará aflorar a la superficie imaginaria de este paticular mar de los sargazos: "El hombre del brazo de oro" (Otto Preminger - 1955), "Pánico en Needle Park" (Jerry Schatzberg - 1971), "Drugstore cowboy" (Gus van Sant - 1989), "Uno de los nuestros" (Martin Scorsese - 1990), "Trainspotting" (Danny Boyle - 1996), "Requiem por un sueño" (Darren Aronofsky - 2000) o "Blow" (Ted Demme - 2001), por poner unos ejemplos. Del mercado nacional destacaríamos "Arrebato" (Iván Zulueta - 1979), "El pico" (Eloy de la Iglesia - 1983) o "Antártida" (Manuel Huerga - 1995).

Sin embargo, la presencia de "La luna" en esta selección está justificada por el provocador abordaje (especialmente la relación incestuosa entre madre e hijo) que Bertolucci hace de todas estas cuestiones. Muchas veces nos hemos preguntado ¿qué no haría una madre para arrancar a su hijo de las garras de la drogas? Tal vez ninguna se atrevería a tanto...

La presencia de la velada luz romana, la especial puesta en escena, que combina atrayentes lugares "arquitectónicos" (las Termas de Caracalla, el hogar de Caterina y Joe, la covacha de Mustafá...) y la omnipresente estética sonora operística convierten a esta película en una de nuestras favoritas.

Para todo aquel que quiera saber y conocer más sobre las adicciones en el cine:

http://www.usal.es/~revistamedicinacine/numero_4/esp_4_htlm/adic.htm

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